Choque cultural entre generaciones
aRTURO pÉREZ rEVERTE
fuente: EL CONFIDENCIA 25 AÑOS.
Arturo Pérez-Reverte analiza los cambios en la educación actual y el olvido de los mayores, defendiendo la cortesía clásica frente a la prisa moderna antes del lanzamiento de su próxima novela.
Esta convivencia entre distintas épocas no siempre resulta fácil ni equilibrada, lo que genera
un aislamiento que afecta de forma directa a las generaciones. Cuando la sociedad arrincona
la experiencia acumulada y trata la vejez como algo puramente obsoleto, se produce un
retraimiento donde los mayores acaban sintiéndose marginados y marginales, un error muy
frecuente en nuestros días que nos priva de herramientas fundamentales para afrontar el
sufrimiento cuando este aparece.
Un mundo que olvida los viejos códigos
Es precisamente en los pequeños gestos cotidianos donde se hace más evidente esta brecha entre el pasado y la modernidad, algo sobre lo que se pronunció abiertamente Arturo Pérez-Reverte: "Me educaron en comportamientos que hoy no funcionan, pero yo los mantengo, son los míos. Decir 'adiós', 'buenas tardes', 'buenos días' o 'pase usted primero'. No puedo evitarlo, pero eso ahora no es así". Estas costumbres, lejos de ser simples formalidades vacías, representan para el autor una herencia cultural recibida de sus antepasados que, aunque ya no encaje del todo en el diseño del mundo actual, él se niega a abandonar porque facilitan la vida en común.
Para ilustrar este cambio de paradigma, recordó un episodio que le ocurrió en la alfombra mecánica de la estación del AVE en Madrid, cuando un hombre lo apartó bruscamente para avanzar. Al pedirle explicaciones por el empujón, el individuo simplemente respondió que quería pasar, evidenciando una total falta de conciencia sobre su propia grosería; "Comprendí que su educación, su formación, su mundo, excluye ya ciertas cosas que están en el mío, entonces, no me enfadé y me dije 'es otro tiempo'", dijo el también académico. Una escena que le sirvió para entender que los nuevos códigos sociales simplemente excluyen ciertas normas de cortesía elementales, marchándose aquel sujeto sin hacer el menor esfuerzo por comprender.
La actitud más enriquecedora ante el cambio social no es el enfado, sino la curiosidad constante por intentar comprender al otro.
Lejos de tomárselo como una tragedia o una afrenta personal, el autor murciano prefiere
abordar estas transformaciones desde una perspectiva analítica y profundamente curiosa.
Los valores mutan, las costumbres evolucionan y la gente adopta nuevas dinámicas de
comportamiento, un proceso natural ante el cual la actitud más enriquecedora consiste en
mirar con el deseo sincero de comprender al otro, rescatando la utilidad de escuchar a
quienes nos precedieron antes de que sus valiosas enseñanzas se diluyan definitivamente.






