sábado, 31 de diciembre de 2011

miércoles, 28 de diciembre de 2011

LO QUE L@S MAESTR@S NO NOS ATREVEMOS A DECIR A LOS PADRES

A menudo se habla de las deficiencias del sistema educativo, pero los docentes también tenemos verdades que muchas veces debemos callar. Aquí, aunque escritas, tenemos algunas:
 
-“A su hijo le faltan más límites en casa”.

-“En su casa no hay suficiente diálogo. Solo 15 minutos por día marcarían la diferencia”.


-“¡No deje tantas horas a su hijo frente al televisor!”.

- “Disfruto mucho de sus trabajos, pero es su hijo quien debe realizar la tarea”.

-“No se queje de que su hijo está sobrecargado. Si no estudia ahora ¿cuándo lo hará?”.



- “Cuando yo era chico y hacía algo mal, mis padres me retaban a mi. No se ponían a criticar al maestro”.
 
-“Si usted enseñase buenos modales en su casa, mi trabajo sería mas sencillo”.



-“Por favor, que su hijo se bañe antes de venir al colegio”.



-“¿Por qué tengo que hacer reuniones de padres en mi tiempo libre si usted no se molesta en venir?”.



-No sobrecargue a su hijo de actividades extra curriculares. Eso va en contra de su rendimiento.



-Las capacidades de su hijo son inferiores a lo que usted cree.



-¿Usted quiere a su hijo? Déle más cariño en la familia.



- Aunque su hijo parezca grande, todavía lo necesita.
 
-Los padres son los primeros educadores y no pueden delegar esa responsabilidad en terceros.



-¡OCÚPESE DE SUS HIJOS!



(Desconozco autor de texto e imagen)

miércoles, 7 de septiembre de 2011

PROFESORES. ELVIRA LINDO...¡QUÉ LINDA!

PROFESORES. (Elvira Lindo. El país)



Confundir horas lectivas con horas de trabajo no es gratuito, es una manera de contribuir al lugar común de que los profesores trabajan poco. Tampoco es nuevo: siempre que se trata de estrechar los derechos laborales en la enseñanza alguien deja caer, como de manera inocente, que los docentes de la educación pública gozan de más ventajas que el resto de los trabajadores. Por más que se informe sobre los desafíos a los que se enfrenta un profesor en nuestros días, siempre habrá un buen ciudadano que llame a la radio o escriba al periódico para informar, por ejemplo, de las largas vacaciones que disfrutan los maestros. Es un clásico. A los políticos se les llena la boca con que no hay inversión más útil en nuestro país que la destinada a educación, hasta que un día se ponen a hacer números y empiezan por ahí: prescindiendo de interinos y poniendo sobre los hombros de cada trabajador dos horas más.
Explicar que ser profesor no consiste solo en dar clase debería de ser innecesario. ¿Qué consideración se les tiene a los docentes si se extiende esa idea? El profesor enseña, pero también corrige, ha de preparar sus clases, perder un tiempo precioso en absurdos requerimientos burocráticos y, en ocasiones, hacer labores de trabajador social. La educación requiere ahora más energía que nunca y no es infrecuente que el enseñante desarrolle patologías físicas o psíquicas. Su trabajo cansa, es más duro que muchos de los trabajos que nosotros realizamos. Los niños y los adolescentes son grandes devoradores de la energía adulta. Los escritores que hemos visitado colegios e institutos lo sabemos: dos horas dando una charla ante una vampírica muchachada te dejan para el arrastre.
¿Cómo pretenden los responsables del injustificable derroche autonómico que se comprenda que el sacrificio ha de comenzar por los que ya están sacrificados?

domingo, 4 de septiembre de 2011

martes, 19 de julio de 2011

CARICATURA GANADORA

"La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe" - Jacinto Benavente


La caricatura, más que un chiste, es una denuncia de la situación por la que atraviesa nuestra Sociedad de valores confusos.

Esta caricatura fue la ganadora en un congreso sobre educación

y vida sostenible celebrado en Sao Paulo.

"Todo mundo piensa en dejar un planeta mejor para nuestros hijos...
Cuando lo que debería pensar es en dejar Mejores Hijos para el Planeta."

(Gracias Puri)

REFLEXIÓN 11

Sandra Serrano Carnerero nos remite un artículo del periodista Carles Capdevila, que publicó en el diario Avui el 25 de octubre 2009, y que en las puertas de las vacaciones, es una lectura gratificante y que anima a la reflexión a padres y maestros.




Educar debe de ser una cosa parecida a espabilar a los niños y frenar a los adolescentes. Justo lo contrario de lo que hacemos: no es extraño ver niños de cuatro años con cochecito y chupete hablando por el móvil, ni tampoco lo es ver algunos de catorce sin hora de volver a casa.

Lo hemos llamado sobreprotección, pero es la desprotección más absoluta: el niño llega al instituto sin haber ido a comprar una triste barra de pan, justo cuando un amigo ya se ha pasado a la coca.

Sorprende que haya tanta literatura médica y psicopedagógica para afrontar el embarazo, el parto y el primer año de vida, y que exista un vacío que llega hasta los libros de socorro para padres de adolescentes, esos que lucen títulos tan sugerentes como Mi hijo me pega o Mi hijo se droga . Los niños de entre dos y doce años no tienen quien les escriba.

Desde que abandonan el pañal (¡ya era hora!) hasta que llegan las compresas (y que duren), desde que los desenganchas del chupete hasta que te hueles que se han enganchado al tabaco, los padres hacemos una cosa fantástica: descansamos. Reponemos fuerzas del estrés de haberlos parido y enseñado a andar y nos desentendemos hasta que toca irlos a buscar de madrugada a la disco. Ahora que al fin volvemos a poder dormir, y hasta que el miedo al accidente de moto nos vuelva a desvelar, hacemos una siesta educativa de diez o doce años .

Alguien se estremecerá pensando que este período es precisamente el momento clave para educarlos. Tranquilo, que por algo los llevamos a la escuela. Y si llegan inmaduros a primero de ESO que nadie sufra, allá los esperan los colegas de bachillerato que nos los sobreespabilarán en un curso y medio, máximo dos. Al modelo de padres que sobreprotege a los pequeños y abandona los adolescentes nadie los podrá acusar de haber fracasado educando a sus hijos. No lo han intentado siquiera.

Los maestros hacen algo más que huelga o vacaciones, y la educación es bastante más que un problema.

Pido perdón tres veces: por colocar en un título tres palabras tan cursis y pasadas de moda, por haberlo hecho para hablar de los maestros, y, sobre todo sobre todo, porque mi idea es -lo siento mucho- hablar bien de ellos.

Sé que mi doble condición de padre y periodista, tan radical que sus siglas son PP, me invita a criticarlos por hacer demasiadas vacaciones (como padre) y me sugiere que hable de temas importantes, como la ley de educación (es lo mínimo que se le pide a un periodista esta semana).

Pero estoy harto de que la palabra más utilizada junto a escuela sea ‘fracaso’ y delante de educación acostumbre a aparecer siempre el concepto ‘problema’, y que ‘maestro’ suela compartir titular con ‘huelga’. La escuela hace algo más que fracasar, los maestros hacen algo más que hacer huelga (y vacaciones) y la educación es bastante más que un problema. De hecho es la única solución, pero esto nos lo tenemos muy callado, por si acaso.

Mi proceso, íntimo y personal, ha sido el siguiente: empecé siendo padre, a partir de mis hijos aprendí a querer el hecho educativo, el trabajo de criarlos, de encarrilarlos, y, mira por donde, ahora aprecio a los maestros, mis cómplices. ¿Cómo no he de querer a una gente que se dedica a educar a mis hijos?

Por esto me duele que se hable mal por sistema de mis queridos maestros, que no son todos los que cobran por hacerlo, claro está, sino los que son, los que suman a la profesión las tres palabras del título, los que mientras muchos padres se los imaginan en una playa de Hawai están encerrados en alguna escuela de verano, haciendo formación, buscando herramientas nuevas, métodos más adecuados.

Os deseo que aprovechéis estos días para rearmaros moralmente. Porque hace falta mucha moral para ser maestro. Moral en el sentido de los valores y moral para afrontar el día a día sin sentir el aprecio y la confianza imprescindibles. Ni los de la sociedad en general, ni los de los padres que os transferimos las criaturas pero no la autoridad.

¿Os imagináis un país que dejara su material más sensible, las criaturas, en sus años más importantes, de los cero a los dieciséis, y con la misión más decisiva, formarlos, en manos de unas personas en quienes no confía?

Las leyes pasan, y las pizarras dejan de ensuciarnos los dedos de tiza para convertirse en digitales. Pero la fuerza y la influencia de un buen maestro siempre marcará la diferencia: el que es capaz de colgar la mochila de un desaliento justificado junto a las mochilas de los alumnos y, ya liberado de peso, asume de buen humor que no será recordado por lo que le toca enseñar, sino por lo que aprenderán de él.

(Gracias Rafa)

sábado, 7 de mayo de 2011

UNA DISTANCIA CADA VEZ MAYOR.

Hace años que dejé atrás los celos profesionales, sí...eso que sienten algunos/as docentes cuando sienten que los alumnos te quieren menos que a otros compañeros/as.Y también he dejado atrás el esfuerzo por lograr ganarme a este o aquel alumno/a para que el resto digan " mira como quieren al maestro". Sí, he dejado atrás muchas cosas. Y lo siento.
Estamos en peligro. Tenemos muchos enemigos dentro y fuera del "cuartel".El alumno, la alumna cuanto más lejos mejor. Cuida como miras, donde miras y a quien miras. Cuida a quien tocas...en fin.


El afecto es algo que ayuda a la educación. Puedes mostrarlo en verdad de varias maneras.En casa los padres se supone que deben dar afecto a los hijos: un beso, un abrazo,bonitas palabras, bromas que ambientan momentos alegres...
Las habilidades sociales son necesarias para vivir en sociedad: saludo, despedida, felicitación, ánimo...y se deben desarrollar en todos los contextos que rodean al alumno y a la alumna.La escuela es uno de ellos...

"Educamos" desde hace tiempo a cierta distancia de nuestro discentes. Una distancia cada vez mayor. Nuestros enemigos están venciendo. Ya son muchas derrotas.

Llevo muchos años en este mundillo. Recuerdo a mis alumnos y alumnas de hace más de diez años.Les educaba con seriedad, con rigor, con alegría, bromas, trabajo y esfuerzo...y afecto. Y creo que más que nada, el afecto que les daba, hacían que la labor social que realizaba fuera cara vez más positiva.Simplemente educaba manteniendo la distancia correcta. Pero ahora esa distancia es cada vez mayor.
Nuestros enemigos ( entre ellos los padres de nuestros alumnos y nuestras alumnas) no saben el daño que están haciendo.De hecho, ellos ya viven a una distancia peligrosa de sus hijos e hijas.Así, es lógico que eviten en lo posible que "nadie" estén más cerca de sus hijos/as que ellos.

jueves, 21 de abril de 2011

LA VACA PÚRPURA


La vaca púrpura

Publicado por Miguel Ángel Santos Guerra
| 2 Abril, 2011

Portada del gurú del marketing Seth Godin.

Decía Homero que “el ser humano le teme más al aburrimiento que a la guerra”. A mí me preocupa especialmente el aburrimiento que produce la escuela. Me inquieta la sensación de monotonía y de tedio, que viven algunos escolares y, lo que es peor, algunos maestros. Ya hace años el sociólogo Alberto Moncada escribió un libro en el que reflexionaba sobre este delicado tema. Se titulaba así de crudamente: “El aburrimiento en la escuela”.
Si enseñar y aprender son, en sí, procesos apasionantes, me pregunto por qué resultan en ocasiones aburridos. A mi juicio, las explicaciones son múltiples y complejas: los contenidos están alejados de los intereses del alumnado, la metodología es poco dinámica, no se tiene en cuenta la diversidad del alumnado, existe poca participación, no abunda la creatividad… y, sobre todo, falta ilusión y el necesario entusiasmo. Dice Sthendal que es preciso desarrollar el oficio con pasión. También hay aburrimiento cuando el alumnado no se sacude la pasividad, el desinterés y la pereza.
Las rutinas que se instalan en las prácticas docentes son tan poderosas que no se encuentra nada extraordinario en ellas, nada llamativo. Me parece una trampa decir que no tenemos que convertir las clases en un circo, que no tenemos que actuar de payasos para divertir a los espectadores. Porque ese es un argumento que nos hace refugiarnos en la comodidad. No estoy de acuerdo con la filosofía que pretende convertir a los alumnos en sufridores bajo la excusa de que hay que prepararles para una vida dura y, quizás, cruel. Instalarse en el aburrimiento bajo el pretexto de que hay que endurecerlos, de que hay que habituarles al sufrimiento me parece el fruto de una actitud sádica, heredera de aquel odioso y repetido aforismo: “la letra con sangre entra”. Esa argumentación nos instala en la rutina y en la comodidad. Que se esfuercen ellos en aguantar. La letra entra con la sangre, sí, pero con la sangre del profesor. Lo cual no quiere decir que el alumno no tenga que esforzarse, que sacrificarse, que perseverar y que ser exigido en sus responsabilidades de aprendiz.
Acabo de leer un libro de Seth Godin (uno de los más grandes gurús del marketing y autor del blog más famoso del mundo sobre empresa) que tiene este curioso título: “La vaca púrpura”. No es un libro sobre la escuela sino sobre el mercado, pero puede muy bien aplicarse a la enseñanza.
Sostiene el autor que para captar la atención hace falta algo extraordinario. Si vas por el campo, dice, y ves una vaca marrón, no te llama la atención. Te fijas un instante en ella y se acabó. Pero si ves una vaca púrpura te quedarás asombrado y hasta puede que pares el coche y vayas a ver aquel fenómeno de la naturaleza. Las vacas normales, después de ser contempladas un rato se vuelven aburridas. Pero una vaca púrpura sería algo interesante, algo excepcional. Dice Godin: “La esencia de la vaca púrpura es que debe ser extraordinaria”. “Algo extraordinario, explica, es un asunto del que merece la pena hablar. Conviene fijarse en él; es excepcional, nuevo, interesante: es una vaca púrpura. Las cosas aburridas son invisibles, son una vaca marrón”.
Si haces un viaje de avión y llegas sano y salvo, no se lo cuentas a nadie, pero si el viaje fue horrible o te atendieron de una forma inusualmente buena (“llegamos con una hora de antelación”, “me reembolsaron el billete porque soy guapa”…) se lo cuentas a todo el mundo.
Y a eso voy en estas líneas, a preguntarme: ¿qué tiene de excepcional la escuela?, ¿qué tienen de extraordinarias las clases?, ¿qué tiene de espectacular el proceso de enseñanza y aprendizaje?
Hay un capítulo en el que el autor habla de la escuela. Dice: “Dirigimos nuestras escuelas como fábricas: colocamos a los niños en filas, los ponemos por lotes (llamados cursos) y nos esforzamos en asegurarnos de que no salen piezas defectuosas. No dejamos que nadie destaque, se quede atrás, vaya adelantado o arme jaleo. Ir a lo seguro, jugar según las reglas, parece ser el mejor modo de evitar el fracaso”.
Voy a referirme a dos experiencias que, hace muchos años ya, puse en marcha, buscando la vaca púrpura. Una se refiere a la escuela y otra al aula.
Siendo el responsable de un Centro tuve la idea de convertirlo en un barco. Se hizo la botadura con toda la solemnidad, el barco seguía un itinerario con sus correspondientes escalas en puertos diversos, los nombres de los espacios, de las autoridades y de los objetos eran los de un barco, el currículo estaba relacionado con el viaje, se rellenaba diariamente el cuaderno de bitácora…
La segunda está reherida al aula: Siendo tutor de un curso, organicé una ciudad llamada Edelweis: la ciudad tenía autoridades (alcalde y concejales), juez, banquero, bandera, snombre, insígnea, constitución, asambleas, periódico (“Adelante”)… No hace mucho me encontré con uno de aquellos “ciudadanos” que me dijo:
- ¿Recuerdas con cuánto entusiasmo íbamos los sábados para publicar contigo el periódico de nuestra ciudad?
Hay muchas vacas púrpuras en las escuelas. No seré yo quien sostenga la tesis de que sólo hay vacas marrones en los pastos de nuestro sistema educativo. El problema es que quien tiene una vaca púrpura no la muestra a los demás. No la saca a pasear. Quien quiera ver una impresionante vaca púrpura puede leer el libro de Mari Carmen Díez Navarro titulado “Mi escuela sabe a naranja”. Es un ejemplo entre miles. Un ejemplo bien hermoso.
Lo extraordinario no tiene por qué ser escandaloso. Lo escandaloso, con frecuencia, es molesto. Lo extraordinario llama la atención, atrae, seduce. Se trata de poner pasión, entusiasmo, ingenio y magia en las cosas. Hay que poner en marcha la filosofía de la vaca púrpura. “La lección es sencilla, concluyo con Seth Godin, lo aburrido conduce al fracaso”.

martes, 12 de abril de 2011

ESOS LOCOS QUE ENSEÑAN.

(Me lo ha enviado mi compi Lola. Gracias. Muy bonito.)

Esos locos que enseñan. Yo los conozco. Los he visto muchas veces. Son raros. Algunos salen temprano por la mañana y están en el cole una hora antes, otros recorren todos los días más de 100Km de ida y otros tantos de vuelta. Están locos.

En verano les dan vacaciones, pero no desconectan del todo, piensan en sus clases, preparan tareas para el curso siguiente. En invierno hablan mucho, siempre llevan caramelos de miel y limón en los bolsillos, otros con una botella de agua a su lado. Su garganta siempre está dolorida, pero siguen enseñando, a veces fuerzan su voz, pero siguen transmitiendo sus conocimientos con cariño e ilusión.

Yo los he visto, no están bien de la cabeza. Salen de excursión con sus alumnos y se encargan de gestionar autorizaciones, recogida de dinero y responsabilidad extra.

Qué será de ellos y ellas. Por la noche sueñan con el colegio, se les aparecen planetas, ecosistemas y personajes históricos. Algunos incluso sueñan en inglés o en francés. He escuchado que llegan cargados con cuadernillos y exámenes, que han corregido la tarde anterior en su casa.

Son mujeres y hombres, solteros,
casados,
entregados, ...de diferentes edades, pero a todos les apasiona su trabajo, ver crecer a sus alumnos, ayudarlos y conseguir de ellos ciudadanos competentes.

Los he visto muchas veces. Están mal de la cabeza. Algunos dicen de ellos que viven muy bien, pero les han recortado el sueldo y siguen trabajando incluso más que antes, algunos no miran ni su nómina porque su pasión por la enseñanza los hace ciegos a pensar en el cobro. Disfrutan con lo que hacen, aunque haya padres que los discutan y les quiten autoridad, ellos siguen hacía adelante.

Están mal; por las tardes quedan para hacer cursos de formación y no les importa perder tiempo de su ocio para reciclarse. Son eternos aprendices.

Dicen que son autocríticos y que hacen balance de sus experiencias educativas, que se frustran cuando no salen las cosas como esperaban, que se alegran cuando sus alumnos avanzan.

Están mal de la cabeza, yo los he visto. Dicen de algunos que fueron muy importantes, que siempre tienen palabras de aliento; dicen sólo que son MAESTROS y que se sienten MUY ORGULLOSOS DE SERLO.

¿Os veis reflejado/a en algún momento? Yo te veo a ti, mi compañera, mi compañero.


(Del blog de Mar Gallego)

domingo, 13 de febrero de 2011

A LOLI

Nunca te olvidaremos.


Adiós a la maestra
 
Obrera sublime,
bendita señora:
la tarde ha llegado
también para vos.
¡La tarde, que dice,
descanso!... La hora
de dar a los niños
el último adiós.
Mas no desespere
la santa maestra:
no todo el mundo
del todo se va;
usted será siempre
la brújula nuestra,
¡la sola querida
segunda mamá!
Pasando los meses,
pasando los años,
seremos adultos,
geniales, tal vez...
¡Mas nunca los hechos
más grandes o extraños
desfloran del todo
la eterna niñez!
En medio a los rostros
que amante conserva
la noble, la pura
memoria filial,
cual una solemne
visión de Minerva,
su imagen, señora,
tendrá su sitial.
Y allí donde quiera
la ley del ambiente
nimbrar nuestras vidas,
clavar nuestra cruz,
la escuela ha de alzarse
fantásticamente,
cual una suntuosa
gran torre de luz.
¡No gima, no llore
la santa maestra:
no todo en el mundo
del todo se va!
¡Usted será siempre
la brújula nuestra,
la sola querida
segunda mamá!

PEDRO BONIFACIO PALACIOS