
Lo que está pasando con la lengua española en ESPAÑA, es vergonzoso y punto. Digan lo que digan unos y otros, que dicen mucho, como los loros, pero no saben lo que dicen.
No creo que debamos negar el derecho a catalanes, gallegos o vascos a su cultura,a su folclore... y aquí, a su lengua.Que hablen catalán, vasco o gallego por los codos y rodillas si quieren; sin embargo, deben conocer y hablar con domino la lengua oficial de España, el español. Por el bien, no solo del país, también por el bien de la comunidad y por el bien propio.
Seamos sinceros: ¿a dónde va un catalán, que habla con dominio diez su lengua y, que ha olvidado el español o lo semidomina? Idem para vascos y gallegos.Y si entramos en el mismo ejemplo pero con niños y niñas en edad escolar, a los que se les niega la posibilidad de conocer el español desde que entra por la puerta del colegio...
No entiendo que en un sociedad que se está abriendo cada vez más al mundo nos salgan unos cuantos ( que parecen muchos porque tienen el apoyo del gobierno central y de las administraciones correspondientes) tan cerrados y cerradas.
Y llegado a este punto y para terminar, quiero añadir una carta escrita por MANUEL VILLENA LÁZARO de Málaga, publicada en el SUR de Málaga el día 12-07-09 y cuyo título es COMPRENSIÓN LECTORA.
Año tras año e informe tras informe, la educación en España viene cosechando calabaza tras calabaza. Uno de los aspectos más deficientes, en nuestros escolares, es que no entienden lo que leen.
El problema de la comprensión lectora no sólo hace mella en los más jóvenes, en las más altas esferas del poder (políticos de primer orden, jueces de renombre, etc) también se deja sentir notablemente.
Si a ciertos políticos, con altas responsabilidades de gobierno, e incluso magistrados de reconocido prestigio les pasamos una sencilla prueba de lectura como puede ser la siguiente expresión: «El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho de usarla». ( Véase artículo 3.1 de la vigente Constitución Española), nos encontraremos con las respuestas más peregrinas e inauditas. Como arrinconar el idioma común en las escuelas o llegar al paroxismo de imponer y justificar sanciones por hacer uso del castellano en territorio español.
Así pues, si las clases dirigentes no comprenden lecturas tan simples y diáfanas como la expuesta no podemos pedir peras al olmo.








