sábado, 2 de agosto de 2014

¡ ESTO TAMBIÉN EDUCA !



"Estoy harto. Tan harto que ya no sé si decirlo, escribirlo, gritarlo, o ponerlo con hache intercalada. Harto de que a los andaluces se nos etiquete de vagos, sin criterio, apesebrados, subsidiados o incultos. Harto de que se nos asocie únicamente con el flamenco, la juerga, los toros y el vino. ... Harto de Loperas y musho-beti,... de cuentachistes, de famosillos de tercera división, de Malayas y ...de Faletes. Harto de ver en las series de televisión los papeles de criada analfabeta o tontito con acento andaluz (¿y ningún presentador de informativo con nuestro acento?). Harto de ver programas de zapping con el patético programa de Juan y Medio mofándose de nuestros ancianos en busca de pareja, dando la imagen de personajes grotescos. Harto de nuestra imagen de sociedad subsidiada, cateta y sin criterio. Cansado de que se menosprecie nuestro acento. Harto de ver andaluces que únicamente triunfan en el programa de Patricia, Gran Hermano y similares. Harto de Jesulín, de Pozi, de Pantojas y Jurados. Harto del risitas, de Romerías del Rocío y Feria de Abril. Harto de la duquesa de Alba (a la que hicieron hija predilecta de esta tierra, tócate los pirindolos) de su hija, de sus hijos, de su yerno y sus trajes de flamenca. Y ahora de su boda. Harto de toreros que se lían con fulanas, del botijo y la pandereta. Harto, cansado, hastiado, aburrido me tienen Ojalá alguna vez los medios se acuerden de los millones de andaluces que se levantan cada mañana para levantar esto, o de nuestros padres y abuelos que emigraron hace décadas a Suiza, Cataluña y País Vasco para trabajar donde nadie quería. Ojalá quien habla de nuestra incultura se acuerde de Séneca, Maimónides, Averroes, Góngora, Bécquer, Alexandre, Lorca, Juan Ramón Jiménez, Machado, Falla, Zambrano, Picasso, Velázquez, Murillo, Alberti, Blas Infante, Carlos Cano, Gala, Luis Rojas Marcos, Sabina… Ojalá se acuerden de que hablamos con acento andaluz abogados, marineros, médicos, albañiles, arquitectos, investigadores de alto nivel, camareros, taxistas, prostitutas, jueces, enfermeras, empresarios, policías, obreros, agricultores; se acuerden de millones de personas que se parten los cuernos cada día, desde Ayamonte hasta el Cabo de Gata, millones de andaluces que siguen haciendo Andalucía más allá de Despeñaperros… Ojalá este post lo leyera mucha, mucha gente. Ojalá diera la vuelta al mundo, aunque me temo que se quedará perdido en el inmenso océano de Internet. También podría suceder que este post se expandiera por la red, que los andaluces lo enlazaran a través de Factbook, tuenti o Twister, que se difundiera por email y llegara todos los rincones del mundo, eso ya lo dejo en tus manos. Un abrazo. Saludos

Prof. Juan José Ruiz Departamento de Química Física y Termodinámica Aplicada Universidad de Córdoba Edificio Marie Curie.

lunes, 21 de julio de 2014

Cinco razones por las que la crianza moderna está en crisis, según una niñera británica.





En general, soy una persona bastante optimista. Tiendo a creer que todo va a salir bien, a menos que las pruebas indiquen totalmente lo contrario; cualquiera que me conozca bien te dirá que no suelo dramatizar. Este es el motivo por el que cuando afirmo que la crianza moderna está en apuros, en crisis incluso, espero que me escuchen, y que me escuchen bien. He trabajado con niños y padres en dos continentes y durante dos décadas, y lo que he visto en los últimos años me alarma. Estos son los mayores problemas que veo:
1. Tenemos miedo a nuestros hijos
Suelo hacer una prueba por las mañanas en la que observo cómo un padre da el desayuno a su hijo. Si el niño dice: "¡Quiero la taza rosa, no la azul!" aunque la madre ya haya echado la leche en la azul, trato de observar con cuidado la reacción de la mamá. La mayoría de las veces, se pone pálida y vierte el contenido en la taza que el niño prefiere antes de que le dé un berrinche. ¡Error! ¿De qué tenéis miedo? ¿Quién manda de los dos? Deja que llore si quiere, y vete de ahí para no escuchar el llanto. Pero, por favor, no trabajes de más sólo para agradar al niño. Y, lo más importante, piensa en la lección que le estás enseñando si le das todo lo que quiere sólo por ponerse a llorar.
2. Hemos bajado el listón
Cuando los niños se comportan mal, ya sea en público o en privado, los padres tienden a encogerse de hombros como diciendo: "Así son los niños". Te aseguro que no tiene por qué ser así. Los niños son capaces de mucho más de lo que los padres normalmente esperan de ellos, en cuanto a sus modales, al respeto por los mayores, las tareas del día a día, la generosidad o el autocontrol. ¿Crees que un niño no puede quedarse sentado durante la cena en un restaurante? Nada de eso. ¿Crees que un niño no es capaz de quitar la mesa sin que se lo pidan? De nuevo, no es así. La única razón por la que no se portan bien es porque no les has mostrado cómo hacerlo y porque no esperas que lo hagan. Así de simple. Pon el listón más alto y tu hijo sabrá cómo comportarse.
3. Hemos perdido las costumbres del pueblo
Antes, los conductores de autobús, los maestros, los tenderos y otros padres solían tener carta blanca para corregir a un niño maleducado. Actuaban como ojos y oídos de la madre y el padre si los niños estaban fuera de su vista, y todo el mundo colaboraba por un interés común: criar de forma adecuada a niños y niñas. Todo el pueblo se volcaba. En la actualidad, si a alguien que no es padre del niño en cuestión se le ocurre regañarlo, a los padres no les hace ninguna gracia. Quieren que su hijo parezca el niño perfecto, y por eso no aceptan que los maestros u otras personas digan lo contrario. Montarán en cólera e irán a hablar con el profesor antes que con su hijo por haberse portado mal en clase. Sienten la necesidad de proyectar una imagen perfecta al mundo y, por desgracia, su inseguridad se ve reforzada porque muchos padres se juzgan entre sí. Si un niño se pone a berrear, todas las cabezas se girarán hacia la madre con una mirada reprobadora. En su lugar, debería ser respaldada, porque hay muchas posibilidades de que el berrinche haya tenido lugar por no haber cedido ante alguna de las exigencias de su niño. Más bien, esos observadores deberían decirle: "Buen trabajo. Sé lo difícil que resulta poner límites".
4. Confiamos demasiado en los atajos
Me parece maravilloso que los padres tengan todo tipo de aparatos electrónicos para entretenerse en un vuelo o en la sala de espera del médico. También es fabuloso que podamos pedir nuestra compra online, y que podamos calentar comida sana a golpe de microondas. Los padres están más ocupados que nunca, y estoy totalmente a favor de tomar el camino fácil siempre que sea necesario. Pero los atajos también pueden ser una pendiente resbaladiza. Cuando descubres lo bien que Caillou entretiene al niño en un avión, que no te tiente la idea de ponerle los dibujos en un restaurante. Los niños también tienen que aprender a ser pacientes. Tienen que aprender a distraerse ellos solos. Tienen que aprender que no toda la comida va a estar siempre caliente y lista en menos de tres minutos y, si es posible, también tienen que aprender a ayudar en la cocina. Los bebés tienen que aprender a tranquilizarse solos; no hay que sentarlos en una silla vibradora cada vez que se pongan quisquillosos. Los niños tienen que aprender a levantarse cuando se caen, en vez de subir los brazos para que mamá y papá les cojan. Enseña a los niños que los atajos pueden servir de ayuda, pero que resulta muy satisfactorio hacer las cosas por la vía lenta.
5. Los padres ponen las necesidades de los hijos por encima de las suyas
Naturalmente, los padres tienden a cuidar de sus hijos en primer lugar, y esto es bueno para la evolución. Yo defiendo la idea de crear un horario que se ajuste a las necesidades del niño, y que la alimentación y la ropa del niño sean prioritarias. Sin embargo, los padres de hoy en día han ido demasiado lejos, sometiendo sus propias necesidades y salud mental a las de sus hijos. Cada vez con más frecuencia veo a mamás que se levantan de la cama cada dos por tres para satisfacer los caprichos del niño. O a papás que lo dejan todo y se recorren el zoo de punta a punta y a toda prisa para comprarle a la niña una bebida porque tiene sed. No pasa nada por no levantarte en mitad de la noche para darle otro vaso de agua a tu hijo. No pasa nada si el papá del zoo dice: "Claro que vas a beber agua, pero vamos a tener que esperar hasta llegar a la próxima fuente". No pasa nada por utilizar la palabra no de vez en cuando, ni hay nada malo en pedirle a tu hijo que se entretenga solo unos minutos porque mamá quiere usar el baño en privado u hojear una revista.
Temo que si no empezamos a corregir, y pronto, estos cinco errores graves, los niños que estamos criando crecerán y se convertirán en adultos arrogantes, egoístas, impacientes y maleducados. No será su culpa, sino la nuestra. No les hemos enseñado otra cosa, nunca hemos esperado nada más de ellos. Nunca quisimos que se sintieran incómodos y, cuando es inevitable que sientan alguna molestia, no se ven preparados para ello. Por tanto, pido por favor a todos los padres y cuidadores del mundo que exijan más a los niños. Que esperen más de ellos. Que les hagan partícipes de sus luchas. Que les den menos. Que les pongan rectos y que, juntos, les preparemos para que tengan éxito en el mundo real, y no en el mundo protegido que hemos creado para ellos.
Traducción de Marina Velasco Serrano

sábado, 19 de julio de 2014

DE UN TIRÓN

HACE ALGUNOS CURSOS...



(1)
He realizado un gran esfuerzo pero no he logrado mi objetivo: finalizar el curso de buenas con todos vosotros, con todas vosotras.
A pesar de todo, os hemos regalado unos días de fiesta y un aprobado general, que más o menos os habéis merecido... pero seamos realistas, os habéis esforzado poco y no habéis alcanzado mis espectativas ( ni yo las vuestras) y eso es así.

Habéis olvidado que:
-yo no estoy aquì para que me améis, sino para que aprendáis a amar.
-yo no estoy aquí para ser vuestro amigo, sino para que valoréis la amistad.
-yo no estoy aquí para que me agradezcáis nada, sino para que seáis agradecidos.
Sin embargo, si mi amistad, mi afecto y presencia es útil, mejor.
Hecho de menos las peticiones de firmas, las despedidas y las gracias volando por el aire. Os habéis ido como llegásteis: si saludar.

(2)
No me atreví, mejor...nadie se atrevió, ¿para qué? Tal vez disminuir el estrés, limpiar rincones de la conciencia...las verdad es que no hubiera servido para nada, más bien para poco.
Nos miramos y callamos. Luego, en el despacho lo comentamos.
Hemos entregado, siguiendo el protocolo normativo, los ultraportátiles escuela tic 2.o y todo eso. Más trabajo y eso que estoy de acuerdo con el proyecto, pero a lo que vamos.
Entregamos los PCs: palabras del director, información del coordinador, proyección del vídeo...y a lo que voy: JAMÁS HEMOS VISTO TANTO PADRE Y TANTA MADRE REUNIDOS. Algunos/as, en más de seis años, era la primera vez que los veíamos. NI SIQUIERA A RECOGER LOS BOLETINES DE NOTAS y mucho menos, a citas o encuentros reglamentarios.
Lo que hace un regalo por decir algo. Habría que tratar el tema y tal y como están las cosas de generosidad administrativa, si queremos lograr la implicación, la colaboración, la asistencia...de padres y madres en lo relativo a la educación, mejora, calidad y todo eso...con el centro, pues fácil: REGALITOS, pero regalitos que sean caros, que de "tó tenemos".

(3)
Entre letras escritas y letras inquietas,
busquemos a esos chiquillos que en libertad,
puedan hacer de sus manos alas
y de sus deseos vuelos.

Hagamos de ellos egoístas de la enseñanza,
ladrones del conocimiento, y
que sus sueños sean vuelos que vuelen alto
y muy lejos
Limítate a ser piloto que deja pilotar,
ave de cabeza de banda, que sabe guiar
y que una vez que aprende, decide a veces
volar detrás.
Tú debes elegir, tú debes aceptar,
tú debes ver en los brazos de cada alumno,
esas alas y en cada esfuerzo,
un vuelo.

Lo último que se pierde, es la esperanza.
Muchos, maestros y alumnos, la están buscando porque hace tiempo que la perdieron
y estoy seguro que, una vez encontrada, harán lo posible para
no perderla jamás.

(4)
(...)Niños impermeables,
capaces de de sudar, sangrar,
caminar sin ser "disueltos" por
la lluvia.Niños con piel de pantalón corto,
pero larga imaginación,
capaz de convertir un perro en lobo;
una caja, en cabaña; una roca, en castillo;
y un niño,en rey.

(...) El niño habilis.

(...)


(5)
-Sí, mirame vieo y no vuelvas la jeta.
Aquí estoy sentado, fresquito, con esta
mirada, metido en mi mundo que, está
lejos, muy lejos del tuyo. Y no pasa ná.
Y lo más gracioso es que este mundo
en el que vivo, en el que pienso, en el que
me muevo, el que va dominando poco a poco
al vuestro, del que tanto se habla y se escribe,
al que tanto se odia, al que tanta gente teme...
ese mundo, pedazo de imbécil, me lo habéis
dado vosotros, me lo habéis regalado vosotros,
me lo habéis preparado vosotros... con una ayudita
de la tele y los medios de comunicación...

¡Gracias!, porque me gusta, nos gusta.
¿Qué no tiene valores? ¡Pues claro que los tiene!
O es que estás ciego. Será eso, el miedo os domina o
las preocupaciones, la crisis, el trabajo, el fútbol,
las títis...todo eso que no paráis de decir los carcas
vieos cada vez que la vida se pone dura y os exige
más y más esfuerzo y responsablidades...
Pues claro que mi mundo tiene valores: todo lo que
me vale a mí, ¿te parece poco?. Por ejemplo: ¿me vale
esa tía güenorra pa hechar un rato? ¡Pues pa mí como
sea! ¿Que me grita mi vieo y eso no me vale? ¡Pues
lo denuncio y lo fastidio como sea, lo mismo que al
profe!...no me vale sentirme mal...no me vale sentirme
fuera del grupo, aunque para evitarlo deba acercarme
al porro o a la delincuencia...me vale todo lo que divierte
o divierte a mis amigos; me vale todo lo que sale en la
tele y que pido y me regalan ( por lo cuenta que les trae).
¿Chantajes paternos? ¿Más esfuerzo en los estudios a
cambio de...qué...? Pero si lo consigo sin esfuerzo...
¿Mi futuro, el día del mañana? ¡Pero si tenemos a nuestros
pies al país entero ( antes me los besa mis padres, maestros,
 vecinos...)! La Justicia, la Educación, la tele, el ocio, 
mis deseos... están a mis pies, vieo. Seguid así, porque este mundo
en el que vivo, me lo habéis preparado vosotros.

Sí, mírame y no cambies la jeta vieo.
¡No tenéis derecho a criticarme!
¡Me tenéis liado!
Soy un menor. Punto.

(6)
Que la vida es jodida, y ahí está la gracia.
Lo que se esconde de bueno y malo en muchos
momentos,actos, hábitos,etc. y que certificamos
como "mal" o "bien" es la "vida", la jodida vida
con todo y que se encuentra en momentos, actitudes, etc.

Yo me encuentro con la vida ( y no por estar vivo),
cuando me tomo un café a las cuatro de la tarde y lo
acompaño con un cigarro ( el que hace el número...no sé).
Me siento bien, me siento vivir y que vivo esos momentos,
con este hábito y mi actitud, que mantengo desde hace
tiempo. Y poco más.
Mal momento, mal hábito y negativa actitud... ¡puede ser!
¡Qué te diria yo entonces de vuestros momentos,
de muchos hábitos y actitudes!

Vivo y punto.



(7)
Suele pasar.
Sales tan alegre de casa,
tan normal...pero muy animado.
Y saludas a todo ser viviente,
con tanta ingenuidad y a la vez bondad...
que esa alegría, esa normalidad , esa bondad...
desaparece.

Y acabas mirando al suelo, al cielo, a ese árbol...
y parece que por fin,
algo te saluda.


(8)
¡ Hay sonrisas tan bonitas...!
¿Sería posible entrar en ellas?
¿Saber lo que esconden ?
El ser humano no debería sonreir
si la sonrisa no es sincera.Por ley natural...
Todo el mundo sabe sonreir y,
¡qué bien lo hacen algunos!

¡Qué de sonrisas inventan algunos!
Es triste tener que plantearte en
ocasiones, si esa sonrisa tan bonita
es o no sincera.

(9)
Intentamos, con mayor o menor esfuerzo,
preparar hombres y mujeres
que (se supone y se olvida)
tomarán las riendas de la sociedad del futuro.
Ahora pienso que,
son ellos, los que nos están obligando a ver,
el futuro que nos espera,
y nos animan a que nos vayamos preparando.
¿Qué esperabas?
El mundo que queremos para ellos, como futuro...
no les atrae.

(10)
¿Qué labor social realizamos los
maestros y maestras si cada vez
se nos ponen peor las cosas socialmente
hablando?
Maestros, padres, alumnos y...administración.
¿Qué relación estamos estableciendo?
Los padres no asisten a los centros.
Con los alumnos hay que tener mucho cuidado.
La administración se encarga de que
el profesorado recorra los pasillos a 100 por hora
o acaben sedentarios delante del ordenador,
de papeles y proyectos.

Cuando estás delante de un colega, tu mente
está en las montañas.
Si un padre acude al centro, tu mente sigue
en las montañas.
Y si están con tus alumnos, quisieras estar en las
montañas si es que no sigues en ella.
Montañas de proyectos, papeles, miedos, angustias,
preocupaciones, fracasos y frustraciones...y me quedo
corto.

Y a pesar de todo, te gusta esta profesión.


(11)
Aquella madre, verdadera madre,oiga,
de las que aman y por supuesto, quiere a sus hijos,
porque sobre el amor de los padres hacia sus hijos
habría que hablar mucho...
aquella madre,tras una mañana rodeada de
los quehaceres propios de un hogar,
y como desde toda la vida, cansada, estresada,
hasta el(...) de tanta limpieza y cocina,
y amando todavía a su hijo ( y siempre, no lo dudes),
ante una trastada, sea cual fuere, de su tierno infante,
le grita, le regaña...y ¿por qué no?
lo agarra del brazo o le da un cachete en el culete...
¡por Diós!, ¿para qué?

El tierno infante, conocedor de leyes, de sus derechos 
( y pocos deberes lógico...), todo sofocado, herido
en su ego, al borde del trauma, vejado, humillado
ante la actitud injustificada de su madre...sale al balcón
gritando: ¡ Socorro, que me está pegando! ¡Socorro, mi madre
me maltrata...!

Y ya está. Gracias medios de comunicación. ¡Que pronto
aprenden los niños (lo que les interesa) con las cosas de la TV!
Por suerte, la madre tuvo la mano de Dios
tendida en su hogar y pudo razonar con su "hijo" evitando
más publicidad sobre el asunto. Sobre todo, tuvo suerte
de que no pasara por la calle algún maestro de esos,
algo raros, de la nueva escuela...
La madre, desde ese día, ya tiene otra cosa sobre la
que pensar.


(12) MI HIJO.

Recuerdo que llegaba cansado.
Allí me esperaba un puro nervio con deseos de
disfrutarme. El chiquitín, por supuesto,
descansado, con las ideas claras y todo planeado.
Un ¡papi! sonoro, un salto, un abrazo y un beso hacía
que mi mundo fuera el mejor y que mi vida tuviera
todo el sentido para mí. Mi hijo...
No hay cuartel.
Un cuento que había que contar, pero inventado...
mi hijo me ayudaba, en el argumento, en los personajes...
Ahora siento no haber publicado aquellos cuentos, aquellas
historias que ambos invéntabamos, llenas de valores
 y contravalores: bondad y maldad.

Y yo llegaba cansado, muy cansado, a las tantas...
Cuando se cansaba del ogro Mollomón, de la niña Chari,
del pajarito Cani, de Pitufín...me daba un beso, se alejaba 
de mí todo feliz, ilusionado y se dirigía a su cuarto.

Aprovechaba para beber agua, besar a mi mujer e ir al baño.
Pensaba que iba a descansar...y ahí llegaba con los muñequitos,
 ejércitos organizados. Se sentaba encima mía, me tiraba los
 muñecos y a organizar una nuerva historia de guerras, peleas, 
estrategias, ganadores y vencidos...con humor, mucho humor...
Y yo estaba cansado física y mentalmente. Había sido un día duro, 
como todos...pero él era y es, mi hijo.

Feliz 28 cumpleaños (5-1-2009)


(13)
No puedo depositar odio
ni rencor,sobre el que
en otro tiempo
deposité afecto y amor.

Sí podría ir retirando,
sin violencia y sin publicidad,
lo depositado utilizando,
sin prisas ni amarguras,
la indiferencia y el olvido.

(14)
Me hace gracia.
Esta juventud buscan tanto lo diferente,
que acaban todos y todas de uniforme.
La generación de los pantalones caídos o
la generación cantinflas...moda, tal cual.
Pero me hacen gracia esos chaveles y
esas chavalas por igual. Y me agobian de verdad.
Me entran ganas de ayudarles a subirse
los pantalones ( bromeo a veces). Pero es algo
natural. Con toda seguridad, cuando yo tenía esa
edad, mis tendencias despertarían
los mismos sentimientos y críticas en los mayores.
Pasará el tiempo y ya está. En las fotos quedan
los recuerdos; fotos de traseros , con pantalones
a ras del suelo, tangas y calzoncillos...jóvenes...
Te metes en internet y encuentras cientos
de razones de seguir esta moda: igualdad, adivinanzas
sobre paquetes y traseros, incógnitas, juegos,
comodidad,rivalidades, la caza del tesoro, solidaridad...
La generación de los pantalones caídos.Me hace
gracia y, gracias a Dios,
ante mi duda un poco ingenua, me han
demostrado, porque lo he visto,
que saben subirse los pantalones.
Podemos seguir confiando en esta juventud.
Sí señor. Sí señora.

LA PARTE MÁS DIFÍCIL DE SER PROFESOR


Profesor, escritor y bloguero en Curmudgucation

Nunca te lo cuentan en la facultad, y apenas se comenta fuera de ella. Nunca aparece en películas ni en programas televisivos sobre la enseñanza. Los profesores rara vez sacamos el tema delante de personas ajenas al mundo educativo por miedo a que nos haga parecer débiles o incompetentes.
Valerie Strauss reunió una vez en el Washington Post una serie de citas para responder a la pregunta "¿Cuáles son las dificultades de enseñar?" y pidió que dejaran comentarios en la sección. Mi airada retahíla no encajaba bien ahí, así que he decidido publicarla aquí, porque se encuentra en el top ten de las cosas que nunca te explican en la escuela de magisterio.
Lo más difícil de enseñar es lidiar con esto:
Nunca hay suficiente.
Nunca hay suficiente tiempo. Nunca hay recursos suficientes. Nunca hay lo suficiente de ti.
Como profesor, sabes lo que tienes que hacer para que la clase sea perfecta. Sabes las tareas que debes poner. Sabes las recomendaciones que deberías dar a los alumnos. Sabes lo que tienes que aportar para la formación de cada individuo. Sabes todo el material y el contenido que deberías ofrecer. Sabes cómo, cuando surge un momento pedagógicamente aprovechable, lo recibes con una sonrisa y sueltas todo para que crezca y florezca.
Sabes todo esto, pero también te toca hacer cálculos. 110 redacciones sobre la visión de la muerte en el período romántico por 15 minutos para escribir en cada una comentarios bien razonados son... Espera, espera, ¿qué? NO PUEDE SER. Pues sí, más las pruebas de lengua para ver qué tal llevan la gramática y poner algún remedio antes de elaborar el examen definitivo de la unidad (con cinco minutos para evaluar cada uno). Claro, todo esto antes de que Chris hiciera ese comentario sobre Poe que nos dio la oportunidad perfecta para hablar sobre la influencia gótica, y antes de que Alex y Pat empezaran un buen debate sobre las influencias góticas en la actualidad. Sé que si quiero que mis alumnos escriban bien, deberían redactar algo al menos una vez por semana. Pero si voy a prepararlos para la vida real, yo también debo tener mi propia vida para resultar creíble.
Si vas a tomar el control de tu vida profesional, tienes que tomar algunas decisiones difíciles y deliberadas. ¿Qué sé que debería estar haciendo y que no voy a hacer?
Cada año, lo haces mejor. Lo haces más rápido, aprendes trucos, aprendes por dónde se puede cortar de forma segura. Predices mejor los baches que se pueden encontrar los alumnos por el camino. Un buen equipo administrativo te puede ser de gran ayuda.
Todos los días hay que priorizar. Tendrás que elegir las batallas, y siempre te perseguirán las cosas que sabes que deberías haber hecho y no hiciste. Dime el nombre de algún profesor que crea que tiene todo bajo control y no necesite cambiar nada para el año que viene, y te diré que es un profesor terrible. Los mejores maestros que he conocido pueden darte una lista exacta de lo que no hacen bien.
Y no todo el mundo puede sobrellevarlo. Hace unos años tuve una compañera que era genial dando clase. Pero ponía todos los deberes que creía que debía, y una vez, durante el período de exámenes, se pasó un día entero, durante 18 horas, sentada en casa corrigiendo redacciones. Era increíble, pero tuvo que dejar la enseñanza, porque lo de priorizar le partía el corazón. 
Por tanto, si llamas a mi puerta diciendo: "Has recibido un paquete de la editorial Pearson. Ábrelo, coge los materiales, lee el guión y cumple diariamente el horario establecido. Si lo haces, tu clase funcionará a la perfección", yo te miraré a los ojos y te preguntaré: "¿Estás fumado, eres estúpido o las dos cosas a la vez?"
Aquí tienes la metáfora del día.
Enseñar es como pintar una enorme mansión victoriana. Pero no tienes pintura suficiente. Y cuando llegas a alguna parte de la casa, resulta que la madera está estropeada y no se puede pintar directamente. Y cada hora llega un supervisor y te pide que bajes de la escalera y le digas por qué no progresas con más rapidez. Y algunos días, hace un tiempo terrible. Así que coges todo tu arte, y tus habilidades y tu experiencia para realizar una obra con la que la casa acabe en buen estado.
¿Y dónde situamos aquí a los reformadores de la escuela? Son aquellos que te dicen que usar una escalera te convierte en un perezoso, y que deberías trabajar sin ella. Son aquellos que cogen parte de tu pintura cada día para utilizarla de prueba sobre la madera deteriorada, sólo para asegurarse de que la pintura vale (claro, pero ahora tú tienes menos recursos). Son aquellos que se presentan después de haber acabado el trabajo y que dicen a los viandantes: "¿Ves lo bien que ha quedado esa parte? Pues es porque se han seguido mis instrucciones". Y, especialmente, son aquellos que, una vez que el trabajo se ha completado, dicen: "Eh, te has dejado ese trozo sin pintar justo ahí, en ese extremo".
No hay demasiado debate sobre este problema de lo insuficiente. Los profesores de las películas y de la tele nunca se lo plantean (esos sólo imparten una clase al día). Y los maestros odiamos sacar el tema porque sabemos que suena a queja caprichosa.
Pero todas las partes complejas de la enseñanza -las cuestiones técnicas de instrucción, planificación, individualización, tareas administrativas, adquisición de materiales, diseño de unidades educativas y evaluación-, todas esas cuestiones permanecen en la base de lo insuficiente.
Confía en nosotros. Aguantaremos. Nos las apañaremos. Encontraremos LA FORMA. Seguiremos haciéndolo aunque los que se supone que tienen que ayudarnos sigan igual en vez de intentar esforzarse más. Aunque no alcancemos la perfección, nos encaminaremos hacia ella. Pero si me preguntas qué es lo más difícil de enseñar, es esto lo que se lleva la palma.
No hay lo suficiente.
Este artículo se publicó originalmente en Curmudgucation.
Traducción de Marina Velasco Serrano

jueves, 15 de agosto de 2013

CON LO BUENO DE AYER Y HOY





























Ni todo lo del pasado fue bueno.
Ni todo lo del pasado fue malo.
Ni todo lo de hoy es bueno.
Ni todo lo de hoy es malo.
Ni todo lo de mañana será bueno.
Ni todo lo de mañana será malo.
¿Entonces?
Nunca coincidiremos posiblemente, ni en todo ni en nada.
Pero sí en algo.



viernes, 9 de agosto de 2013

"JARTOS" DE TANTAS "JARTURAS"


Estoy harto, tan harto…
Mirad lo que ha escrito un profesor de la Universidad de Córdoba...
"Estoy harto. Tan harto que ya no sé si decirlo, escribirlo, gritarlo, o ponerlo con hache intercalada. Harto de que a los andaluces se nos etiquete de vagos, sin criterio, apesebrados, subsidiados o incultos. Harto de que se nos asocie únicamente con el flamenco, la juerga, los toros y el vino. ... Harto de Loperas y musho-beti,... de cuentachistes, de famosillos de tercera división, de Malayas y ...de Faletes. Harto de ver en las series de televisión los papeles de criada analfabeta o tontito con acento andaluz (¿y ningún presentador de informativo con nuestro acento?). Harto de ver programas de zapping con el patético programa de Juan y Medio mofándose de nuestros ancianos en busca de pareja, dando la imagen de personajes grotescos. Harto de nuestra imagen de sociedad subsidiada, cateta y sin criterio. Cansado de que se menosprecie nuestro acento. Harto de ver andaluces que únicamente triunfan en el programa de Patricia, Gran Hermano y similares. Harto de Jesulín, de Pozi, de Pantojas y Jurados. Harto del risitas, de Romerías del Rocío y Feria de Abril. Harto de la duquesa de Alba (a la que hicieron hija predilecta de esta tierra, tócate los pirindolos) de su hija, de sus hijos, de su yerno y sus trajes de flamenca. Y ahora de su boda. Harto de toreros que se lían con fulanas, del botijo y la pandereta. Harto, cansado, hastiado, aburrido me tienen Ojalá alguna vez los medios se acuerden de los millones de andaluces que se levantan cada mañana para levantar esto, o de nuestros padres y abuelos que emigraron hace décadas a Suiza, Cataluña y País Vasco para trabajar donde nadie quería. Ojalá quien habla de nuestra incultura se acuerde de Séneca, Maimónides, Averroes, Góngora, Bécquer, Alexandre, Lorca, Juan Ramón Jiménez, Machado, Falla, Zambrano, Picasso, Velázquez, Murillo, Alberti, Blas Infante, Carlos Cano, Gala, Luis Rojas Marcos, Sabina… Ojalá se acuerden de que hablamos con acento andaluz abogados, marineros, médicos, albañiles, arquitectos, investigadores de alto nivel, camareros, taxistas, prostitutas, jueces, enfermeras, empresarios, policías, obreros, agricultores; se acuerden de millones de personas que se parten los cuernos cada día, desde Ayamonte hasta el Cabo de Gata, millones de andaluces que siguen haciendo Andalucía más allá de Despeñaperros… Ojalá este post lo leyera mucha, mucha gente. Ojalá diera la vuelta al mundo, aunque me temo que se quedará perdido en el inmenso océano de Internet. También podría suceder que este post se expandiera por la red, que los andaluces lo enlazaran a través de Factbook, tuenti o Twister, que se difundiera por email y llegara todos los rincones del mundo, eso ya lo dejo en tus manos. Un abrazo. Saludos

Prof. Juan José Ruiz Departamento de Química Física y Termodinámica Aplicada Universidad de Córdoba Edificio Marie Curie.

domingo, 21 de abril de 2013

LA DOBLE IMAGEN DE LOS PROFESORES




La identidad del profesor es uno de los temas sometidos por los investigadores a análisis científicos y académicos, que es exactamente la aproximación que deseo evitar en este blog. Los profesores no necesitan grandes modelos teóricos para saber perfectamente cómo se sienten en su rol, cómo conciben su profesión y cómo observan el entorno. Pero esa perspectiva de los docentes contrasta, a menudo dolorosamente, con la forma en que son vistos por las familias, los alumnos o la sociedad en su conjunto. Se diría que estamos ante dos universos paralelos sin mayores tentaciones de confluir, como pudo ocurrir en el pasado.
Precisaré que no intento trazar un perfil general de los profesores, sino solo comentar el problema de la doble imagen, porque el desfase entre ambas visiones produce unextraordinario desgaste entre los profesores, y cierto nivel de incomprensión, descrédito e incluso intolerancia por parte de las familias (y la sociedad, genéricamente).
Eso sí, para ampliar el contexto, reconozcamos que el de la doble imagen es un problema que afecta a múltiples profesiones y, en algunas, con una brecha aun mayor que entre los docentes. Sin comparar personas, pensemos en los pilotos de avión, los funcionarios de ventanilla, los banqueros o los políticos, y se nos antojará que el de los profesores es un caso menor.
Por otro lado, convengamos en que hay profesores buenos y malos, anticuados y modernos, experimentados y novatos, con conocimientos superficiales y profundos; vocacionales y accidentales; asqueados y entusiastas... en fin, de todos los colores. En eso no se diferencian de periodistas, blogueros o artesanos del mimbre. Negar la biodiversidad, en uno u otro sentido, sería un ridículo ejercicio de sectarismo o de inocencia angelical.
A partir de aquí haré una generalización básica, pero que dibuje a grandes rasgos cómo se materializa ese divorcio en la imagen, pensando que, al ponerla en palabras, esta lista de dipolos permitirá extraer conclusiones. Aquí se plasman esos dos mundos paralelos.

El listado incluye en primer término el autoconcepto de la mayoría de los profesores. Ensegundo, la imagen que muchas veces se tiene desde fuera.
Soy un profesional de alta formación. / Es un profesional de formación mediana.
Me preocupo de saber mucho más de lo que necesito para transmitir y generar conocimiento. / Le basta con saber lo que va a transmitir (más o menos, dominar su libro).
Además de conocimiento, necesito dotes didácticas, y habilidad y paciencia para manejar grupos, que, además, actualmente son excesivos. / Suelta sus explicaciones y no se esfuerza en ayudar a quienes más lo necesitan.
No me dan recursos básicos para hacer bien mi trabajo. / Siempre se están quejando, pero, cuando les dan ordenadores, ni los usan.
Me piden que aplique nuevas tecnologías, pero la Administración ni me las da ni me facilita que aprenda a utilizarlas. / Están desfasados: los chicos saben mucho más que ellos de tecnología.
Gasto mucha energía en algo que debería ser ajeno a mi trabajo: controlar, disciplinar y bregar con muchos alumnos desinteresados. / Fracasa en enseñar a los chicos sentido de la disciplina y responsabilidad.
Mi trabajo es duro y muy estresante. / Solo trabaja veintitantas horas semanales y unos nueve meses al año [nota: no son datos reales, sino ideas circulantes].
La Administración me ha quitado la autoridad para gestionar eficazmente a los alumnos. / La Administración le ha quitado la capacidad de imponer sanciones exageradas o arbitrarias.
Soy un profesional vocacional cuya motivación solo ha desgastado el tiempo y la actitud de alumnos, familias y políticos. / No destaca por su vocación: quizá esté ahí porque no encontró otra cosa.
Hago por los estudiantes más de lo que muchos se merecen. / No se entrega lo suficiente con los alumnos con dificultades (y, en particular, con mi hijo).
Muchos alumnos y sus padres no me aprecian ni me respetan como merezco. / Es un profesional que no se hace respetar y no tiene en cuenta a las familias.
Muchas familias se entrometen en mi trabajo sin tener ni idea y casi nunca me apoyan. / Es susceptible y reacio a todo lo que venga de nosotros: parece que siempre molestamos.
Muchas familias depositan en mí responsabilidades suyas. / Se resiste a educar en conjunto, y solo quiere enseñar su materia, que es lo más cómodo.
Muchos padres me creen a mí menos que a sus hijos. / No sé qué tiene contra mi hijo, con lo buen chico que es cuando se le sabe llevar.
La sociedad solo me exige, pero no me otorga prestigio. / Su profesión es necesaria; pero, si quieren prestigio, que se lo ganen.
Mi retribución es insuficiente para mis responsabilidades. / Su retribución es más o menos razonable teniendo en cuenta las vacaciones que tienen. En muchos países ganan mucho menos.
La Administración nos gestiona mal y nos manipula a su antojo. / Siempre echa la culpa a la Administración y nunca reconoce sus errores.
La verdad es que uno echa una ojeada a la tabla precedente y le entran ganas de salir disparado, y estoy convencido de que los segundos términos no serán muy compartidos por los lectores de este blog (no solo docentes). A muchos le parecerán extraordinariamente ingratos, pero pienso que en términos sociales, muchos de ellos han calado y constituyen escollos reales que es mejor conocer que ignorar. En España ya hemos aprendido lo que pasa cuando decimos que las cosas no deberían ser así e ignoramos olímpicamente que sí son así. 
Si personalizáramos los dos extremos, ¿quién tiene razón? Estoy convencido de que la posición hipercrítica de los segundos términos está profundamente sesgada por los siguientes motivos, no todos ellos evidentes:
Sesgo por generalización. Cualquier profesión es vista de forma distinta desde fuera y desde dentro. Pensemos en médicos, periodistas o políticos. Desde fuera son tomados como arrogantes y malos comunicadores, ignorantes entrometidos o inútiles ventajistas, según los casos. Conozco a unos cuantos y creo que esos enfoques no tienen nada que ver con su autoconcepto y, frecuentemente, tampoco con la realidad en general. Se produce un sesgo de generalización: dos o tres rasgos destacados llegan a deformar la imagen de toda la profesión vista desde lejos (como si alguien creyera que todos los españoles bailamos flamenco).
Distorsión por proximidad personal. La tendencia a distorsionar la realidad es mayor cuando lo que está en juego nos afecta personalmente. Sucede con la educación de nuestros hijos. Si ocurriera con los de los demás, no tendríamos una visión tan vulnerable a la subjetividad. Si alguien tiene un hijo en el instituto, lo que pasa en ese nivel, para bien y para mal, agranda su apariencia y su importancia, mientras que lo que pasa en las guarderías pasa casi inadvertido.
Pseudoexpertos. La educación es una víctima dialéctica de los pseudoexpertos (incluido el que suscribe, según algunos lectores de este blog). Todo el mundo ha pasado por el colegio y cree entender lo que pasa en el aula. Por lo general, es una visión fragmentaria, sin matices y muy unilateral, cuando no simplemente deformada. La mayoría jamás ha tenido la oportunidad de ponerse en el lugar del profesor (si la hubieran tenido, sus opiniones variarían: no tengo ni el menor átomo de duda). Es normal que impregnen su visión con una mezcla de prejuicios y recuerdos alterados por el paso del tiempo. Sin animo de molestar, el problema es que el semiconocimiento es más difícil de reconducir que la ignorancia, como más difícil es desvelar la verdad a medias que la mentira absoluta.
Evaluación indirecta. Hay profesiones más o menos transparentes, porque su ejercicio es visible directamente, pero no ocurre así con la de profesor: lo realmente visible es su efecto en los propios estudiantes. Pero debería tenerse en cuenta que, mirando a los alumnos, se obtiene una evaluación indirecta, en la que los propios chicos también influyen, y en una medida trascendental. Los profesores trabajan con personas complejas, no son mecánicos fácilmente evaluables según funcione o no el coche tras la reparación.
Dificultad intrínseca. Trabajar con jóvenes es cualquier cosa menos fácil. Sus parámetros psicológicos e intelectuales son radicalmente distintos a los de los adultos. Son niños-adultos, en cierto sentido se rigen por otras leyes, con la dificultad añadida de que algunas se parecen a las nuestras. Eso, lejos de ayudar, introduce una extraordinaria confusión en el trato. Si se añade que, lógicamente, lo que les ofrecemos en clase no suele ser el colmo de la acostumbrada diversión para ellos, sino que tiene que ver con el esfuerzo, el autocontrol y la compleja construcción del conocimiento, y eso les queda neurológicamente lejano, no debería ser tan difícil para los padres y para la sociedad en su conjunto valorar la gigantesca envergadura de la tarea docente. Y sin embargo, no todos la comprenden.
Responsabilidades delegadas. La tendencia natural de algunas familias es escurrir el bulto y desplazar hacia los profesores y los centros algunas de sus responsabilidades básicas, como hemos analizado en No todo se aprende en el colegio. No deja de ser llamativo que algunos padres que no son capaces de controlar a sus hijos exijan a los profesores que sí lo hagan. Es un caso perfecto de doble vara de medir, a la que tan aficionados somos en España. Sería bueno que la sociedad asumiera que, en muchos aspectos, los chicos ya deben venir educados de casa. Los profesores no pueden empezar su trabajo desde cero, y menos aún, desde esa zona negativa de la línea de desarrollo que podemos denominar "mala educación".
Ahora bien, estos seis puntos no legitiman a los profesores para desoír las críticas sociales. Porque lo cierto es que, a veces, la visión exterior da en la diana. Los segundos términos del listado muestran una visión mayoritariamente muy injusta, pero describen cristalinamente a los malos profesores. Y pueden contaminar severamente la imagen de los buenos.
La reacción habitual de cualquier colectivo cuestionado, justa o injustamente, es la cerrazón corporativa, la negación de los fallos, la generación automática de un cuerpo sólido e infranqueable, sobre todo cuando muchos de sus integrantes se consideran maltratados por la Administración. Dejando al margen lo justificado o no de sus quejas, ese es un tremendo error. Es una respuesta explicable (obedece a los patrones de la masa atacada, que trata de cerrar filas y autofortalecerse, descrita modélicamente por Elias Canetti en Masa y poder), pero no es más que una precaria defensa provisional. Cerrar filas jamás ha servido para convencer a nadie que no estuviera convencido de antemano o dentro de esas filas.
Y además, cualquier reacción corporativa es una manera de igualarnos, pero por abajo. Así que los más interesados en no formar parte del mismo saco deberían ser los buenos profesores, los que se mueven en los parámetros de los primeros términos del listado y sueñan con que algún día la doble imagen se funda en una sola: la de los profesores apreciados y, en no pocos casos, inolvidables para los estudiantes.
Por:  18 de abril de 2013