jueves, 27 de agosto de 2009

CARTA ABIERTA A UN JEFE DE ESTUDIOS


Querido amigo: Perdona que te robe unos minutos interrumpiendo la frenética actividad de la jornada. Una jornada que
transcurre veloz entre clases, recreos, avisos, guardias, papeles y sustituciones. Cuando a uno se le roba dinero, en un
buen gesto, se le puede devolver. Pero no hay devolución posible cuando lo que se roba es el tiempo.
Si te preguntase por qué aceptaste este puesto, probablemente me dirías que te lo pidió por favor el Director y que no
pudiste decide que no. Porque el carguito no es precisamente una bicoca. El jefe de estudios -lo sabes mejor que yo
cuadra
los horarios, se encarga de que cada alumno cada profesor esté en su aula y garantiza que el engranaje de las
clases y los recreos, de las guardias y de las tutorías funcione sin estridencias. Algunas veces es la persona que tiene
que ponerse la piel del ogro para asustar a los chicos. "Vete a ver al jefe de estudios", dice el profesor con tono
amenazante. Pocas tareas que realizas tienen que ver con dimensiones cualitativas de la educación... Pocas tareas
ilusionantes, creativas, estimulantes... Pocas preguntas enriquecedoras.
¿Están felices los profesores haciendo su
tarea? ¿Sienten la necesidad de coordinarse? ¿Los alumnos aprenden a aprender? ¿Disfrutan aprendiendo? Parece
que el máximo fin de tu trabajo es que cada grupo esté dentro del aula con el profesor de turno. Y que no hagan ruido.
Es más importante preguntarse si la máquina funciona que por qué y para qué lo hace. Te llaman jefe sin serlo y te
apellidan de estudios aunque no se sabe si muchos (profesores y alumnos) estudian o sólo aguantan haciendo que
enseñan y estudian. Habría que eliminar el lenguaje castrense de los centros educativos: jefe, guardias, controles,
disciplina... Habría que enriquecer el contenido de tu denominación, En la escuela no sólo se estudian las materias del
currículum sino que se aprende respeto y gestión de la convivencia; aprendizajes que tiene que ver con las ideas y las
emociones, con el pensamiento
y la acción. Cuando haces los horarios (¡cuántas horas de julio y de agosto haciendo
cuadrantes!) te preocupas de que todos queden contentos. No es posible. Algunos piensan que quienes tienen buenos
horarios son tus amigos y quien tiene malos horarios son tus opositores, En otras ocasiones algunos interpretarán que
los buenos horarios los tienen aquellos a los que temes. No se confeccionan bajo la pretensión fundamental de que sean
racionales para el aprendizaje de los alumnos. ¿Cómo puedo venir menos días y estar menos tiempo en el Instituto?, es
una pregunta clave de algunos profesores al hacer los horarios. No es posible contentar a todos cuando la principal
pretensión es que cada uno tenga lo que quiere y no que el centro tenga lo que necesita. Se te hace, como jefe que eres,
depositario del orden y de la disciplina. Incluso se te pide mano dura para que los alumnos no adopten comportamientos
disruptivos. Hoy es especialmente importante este punto cuando la ampliación de la escolaridad está planteando
algunos problemas que antes no tenían el mismo calado, la misma dimensión, Algunos, de forma a mi juicio poco
rigurosa, dicen que la culpa la tiene la Ley e identifican al equipo directivo con la Administración que la impone. Es
probable que si te preguntan si quieres seguir más tiempo en el cargo digas que no, que ya está bien, que ahora le
toca a los demás el turno. Claro, ser Jefe de Estudios resulta muy poco atractivo. Tiene todos los inconvenientes del
poder y casi ninguna de sus ventajas. Ni siquiera esa pequeña honrilla de ser llamado Director. Sería interesante que
las competencias meramente burocráticas y organizativas estuviesen completadas con otras más ricas, más
atractivas: impulsar proyectos de innovación educativa, realizar actividades de formación para el profesorado, estimular
proyectos de investigación sobre la práctica... Habría que acentuar la fuerza del equipo directivo como tal, no marcar las
funciones de forma muy rígida de manera que el equipo se limite a ser la suma del trabajo de cada uno. La fragmentación
de las competencias hace que no se conciba la realidad como un todo y el funcionamiento de la institución como una
cuestión que incumbe a toda la comunidad. Sería fácil ser el coordinador de la actividad que realizan un grupo de
profesores bien formados, entusiastas, cohesionados y comprometidos con su práctica. El problema radica en que con
claustros integrados por profesores y profesoras desavenidos, desmotivados y mal formados se pretende que el equipo
directivo se imponga a todos y consiga el buen funcionamiento. ¿Qué puedes hacer ante la desgana, la pasividad y la
falta de entusiasmo de algunos colegas? No es fácil. No es un chollo precisamente. Pero alguien lo tiene que hacer y te
ha tocado a ti. Tú has tenido el valor y la generosidad de asumir esta responsabilidad. Ojalá que tu instituto sea mejor
porque tú eres su Coordinador de estudios. Un abrazo y mucha suerte.


MIGUEL ÁNGEL SANTOS GUERRA
Catedrático de Didáctica. Universidad de Málaga


ESCUELA Núm. 3788 15 de mayo de 2008
OPINIÓN. Carta abierta a un jefe de estudios

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